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LA SABIDURÍA DEL CUERPO HUMANO

La sabiduría del cuerpo humano es un principio fundamental que gobierna nuestra salud. Esta “biblioteca genética” se adapta a cualquier amenaza y acumula su capacidad de respuesta y protección generación tras generación.

Esta labor de protección tiene lugar en las sombras del subconsciente, sin molestar o interferir con nuestro consciente.

¿Qué es la sabiduría del organismo? Cuanto más estudio los mecanismos de acción y respuesta del cuerpo humano más me convenzo de que existe una sabiduría enciclopédica en cada célula y órgano del cuerpo.

Sabemos que el cuerpo humano sano responde de forma apropiada, específica y consistente a cada estímulo. Sabemos que hereda un mecanismo de defensa y un poderoso sistema de equilibrio que tiende siempre a remediar y curar los estragos causados por los abusos al que lo sometemos. También sabemos que tiene una capacidad asombrosa de aprendizaje, y por último, sabemos que tiene una eficiente capacidad de comunicación entre sus células y órganos. Todo ello organizado de

una forma tan sutil, eficiente y automática que resulta en una auténtica maravilla.

Piense, por ejemplo en el sistema inmune que ataca a las células cancerosas pero, bajo condiciones normales, no ataca a las células sanas.

¿Qué mecanismo de distinción tiene? ¿Cómo sabe que las células cancerosas son dañinas?

El cuerpo tiene la sabiduría de retener, mejorar y repetir lo que funciona y desechar lo que no funciona ¿Qué incita al cuerpo a asignar nutrientes a diferentes funciones?

Cuando no existe suficiente cantidad de un nutriente necesario para satisfacer todas las necesidades del momento, ¿cómo y quién establece el sistema de prioridades? Si existe una insuficiencia nutricional de un mineral ¿qué órgano es suministrado primero y en qué cantidad? y, una vez decidido esto, ¿cuánto mineral le asigna a ese órgano y cuánto a todos los demás?, y ¿durante cuánto tiempo?

El cuerpo humano es una auténtica maravilla de almacenaje y sabia distribución de sus recursos. La medicina natural reconoce esta sabiduría y la complementa supeditándose a ella. La medicina alopática, por el contrario, desplaza las funciones de restauración del cuerpo y asume control de sus funciones.

El cuerpo está constituido por células, tejidos y órganos, todos ellos trabajando en un ambiente de equilibrio y armonía. El trastorno o la desorganización de estos equilibrios dan lugar a la enfermedad. Esto no es una afirmación hipotética. La ciencia médica moderna ha corroborado esta idea naturista.

El cuerpo y la salud están diseñados alrededor del concepto de la restauración de los desequilibrios orgánicos. Personas con diferentes enfermedades se curan y sus organismos vuelven a un sistema de equilibrio común a todas ellas, independientemente de la naturaleza de la enfermedad. Todos tenemos una fuerza interior de restauración, que nos guía hacia la consecución del equilibrio orgánico. La curación ocurre exclusivamente por medio de la intervención de estas fuerzas equilibrantes del cuerpo. Los remedios y prácticas naturales cooperan con estas fuerzas, eliminando obstáculos y apoyando el proceso curativo.

El cuerpo tiene un sistema de prioridades vitales bien definido. Por ejemplo, si un mineral es necesario para la supervivencia inmediata, el cuerpo para o frena cualquier otra función no crítica que esté usando ese mineral y lo asigna a la exigencia inmediata. El caso más conocido es el robo de Calcio de los huesos para combatir la acidez celular.

La ciencia alopática desconoce muchas de las funciones que los nutrientes llevan a cabo y fallan por lo tanto en la cuantificación de sus requerimientos

El profesor Ames de la Universidad de California, Berkeley propuso en 2.006 1 la teoría del “triage”, palabra que define la tarea de los médicos en el campo de batalla en cuanto a la priorización de los tratamientos que resultan en la optimización de la sobrevivencia. Según el profesor Ames, las células funcionan bajo el mismo principio de priorización.

De la misma forma que el robo del Calcio de los huesos genera su debilitamiento, otros nutrientes se detraen constantemente de otros órganos. Si la persona se guía por los conceptos erróneos de la “dieta equilibrada”, existirá, necesariamente, tarde o temprano, una carencia (o un déficit crónico) de estos importantes nutrientes y el cuerpo estará bajo estrés constante al tener que repartir estos escasos recursos de la forma más eficiente posible. Este estrés es uno de los causantes de la enfermedad.

Durante décadas de estudio y práctica he confirmado que la gran mayoría de los adultos aparentemente sanos, sufren de alguna deficiencia nutricional

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